domingo, 6 de mayo de 2012
Cuando el tomate entendió que de todas formas se pudriría.
Sentado en la barra del bar, con el sombrero cubriéndole parte del rostro, mientras el cigarrillo en su mano se consumía a paso lento; con el rastro del tiempo en su cuerpo y manchas cafés blandas cubriéndole la piel, en medio del claro oscuro, mas oscuro que claro del lugar, cuenta su historia al barman con ese aspecto verde y alargado.
“Alguna vez fui como tu – dice al barman- ese color tuyo me recuerda años de aire, de flores amarillas, y de esas flores el recuerdo de amigos, hermanos y amores. Eran fáciles esos días de sol, lluvia y viento… Cuando pones los pies en la tierra es cuando te das cuenta de que es mas firme el aire, que el suelo que todos pisan, todo se ablanda, todo es conveniencia. Entonces mi color pasó a ser amarillo o naranja, no lo recuerdo bien, Pero si se que me tropezaba y me estancaba en el camino, por que esta tierra es de tiranos , de poderes disputados por gente que poder ya tiene; y me hacía tan blando por dentro y el color de afuera se hacía mas vivo, era crecer y avanzar en el tiempo la puerta para entender que muchos amigos huelen mal por que aunque aparentemente se ven vivos, por dentro se pudren con tanta falsedad, es que eso no es vida amigo mío. –El barman le pasa otro trago, el anterior ya esta vacío- Mi adorable compañero, la rabia me viene de adentro y son pedazos verdes y viscosos dentro de mi, lo que me hace saber, que me duele mi pueblo y se me vuelven ulceras las tristezas.
-Apaga el cigarrillo y bebe un trago amargo, al final de tragarlo toce, y continua con la voz algo quebrada- Yo mismo huí de lo que conocía, las flores amarillas, mi tierra madre, todo lo dejé y me fui, mi exilio, el resultado de la persecución, por que pocos hablamos del desacuerdo. El vinagre por mas mal sabor que tiene, y todos sabemos que lo tiene, logra convencer a todo el mundo de que es esencial en el plato, plato al que todos pertenecemos; Pero Apio, amigo mío y mi barman fiel, A mi no me convencen de nada, por que yo veo, no solo escucho. Podré llenarme de hongos – Se abre la camisa y deja ver algunas “pelusas” blancas que lo recubren- Podré sentir tanto frio y tanto calor que mi piel seguirá volviéndose vieja y café así
como ahora, pero mientras siga pasando el tiempo me ablandaré por dentro, por que me duele esta verdad que no puedo ignorar. Y mi exilio voluntario producido por la persecución dejó de asustarme, dejé de creer que algo me harían, pero lo han hecho todo, han hecho que la gente me olvide, y amigos y familia, ya ni saben quien soy, es que negarse a lo que todos piensan no deja mas que esto…
Es que algún día tendría que decirle a la gente esto, ¿es que cuando será tiempo de mirar las cosas como son, no como nos las cuentan nada mas, cuando será tiempo para dejar de ignorar lo evidente, nos usan y a muchos los lastiman!, somos iguales todos! así tengamos colores diferentes y sabores también. No me importa ser perseguido por decirte esto, o por que ahora mismo todo el lugar me escucha. –Dice todo esto en un tono de voz alto, los músicos paran de tocar, los presentes callan y lo miran, las meseras zanahorias se detienen y una deja caer al suelo unos tragos y su bandeja- una coliflor que esta presente le dice: Cuando tu piel sea lo suficientemente blanda se romperá y te darás cuenta de que también hueles mal.
-El tomate toma el último trago de su copa y su expresión es de repudio hacía el licor, se levanta del asiento y enseña a la coliflor una hendidura en su piel y le dice- Por eso ahora solo bebo, por que huí, pero esto de lo que hable me siguió a todas partes, y mi exilio no dio mas resultado que el contagio de la misma podredumbre, la misma realidad en otro lugar, lugar que no era el mío.
Todo en el bar seguía en silencio, el tomate entrega dinero a Apio el barman y camina hacia la puerta. Antes de salir se da la vuelta para mirarlos a todos: El único real exilio se llama muerte, por que a donde vaya en vida, irá conmigo lo que he sido y soy, lo que me enseñaron y lo que aprendí. Tomo con las manos la rendija en su cuerpo y la abrió hasta que se halló desnudo y sin piel, Solo quedó después de eso, las tristezas esas de las que hablaba verdes y viscosas, ese color lleno de dolor y ese olor lleno de errores.
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