martes, 19 de octubre de 2010

Que cementerios son los aeropuertos.

Es cuestión de que lo escriba para que el tema como su nombre lo enuncia muera en mi también, como la muerte misma muere en mi cabeza como tema que quería tocar alguna vez, la muerte estaba rondando mis ideas y el punto es que hoy lo escribo, la idea sale de aquí de donde estaba para estar aquí ahora mismo donde esta, murió en mí, no sé si nazca aquí, el caso es que murió.
Ver partir a alguien, alguien muy cercano, o no tanto.
Cada vez que está cerca te acompaña a la cama, como la mejor compañera y protectora, te roza las piernas, o con la planta de sus pies te arrastra la cara, dormíamos en posiciones opuestas, yo hacia abajo en la cama, ella hacia arriba, y aun me sigue a sombrando que a mis 19 años quepamos a la perfección una al lado de la otra.
El caso es que partió de nuevo, se fue pero esta vez desde aquí, pocas veces había tenido yo que decirle adiós y hasta pronto el mismo día que se montaría al avión, pocas veces, es más, creo que ninguna, había tenido yo que presenciar su cara de confusión ante tanta requisa y preguntas que le hacen a alguien que pretende viajar a otro país. Desde la venta a rayas, la miraba sola, y eso era lo que más me dolía, sola y confundida, sin nadie que se cerciorara si la fiebre le subiría de nuevo por la intoxicación con la arepa; o si quería tomar algo, le dolían las rodillas, la cabeza o las manos. Mi viejita, la versión de mi con más años y un poco menos de mente abierta, se me voló de nuevo a la España de sueños y como me dolió.
Y ella que se va, y yo que siento eso… que los aeropuertos son como cementerios, la despedida en persona de alguien que ira un rato a las alturas mientras consigue llegar a otro lugar, y ¿si no llegara al lugar físico y algo pasara en los aires?, y ¿si nunca más volviera a verte?... las despedidas en los aeropuertos son como la fría sensación del adiós de la muerte, no sé cuando vuelva a verte, no sé si podre hacerlo…. Cada sentido se agudiza para oler por última vez en quien sabe cuánto tiempo el aroma de su piel y su cabello, sentir sus arrugas o su tersa piel, ver esos ojos tan aguados como los míos y escuchar ese dios la bendiga, cuídese mucho y pórtese bien. Si no muriera, moriría la imagen que tengo de antes al volverla a ver. mi hermana volara también, ella lo espera, y cuando vuelva, el mundo conspire para que yo vuelva a verla, se que será otra persona, morirá tal vez esa tonta desesperante con la que a veces cantaba a gritos o me reía a carcajadas… aeropuertos como cementerios… aquí nos quedamos esperando el regreso, también espero ir a donde estés….

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